
ha sido un día desafortunado, me levanté y no me miraste. Ni un gesto, ni una mirada: tus ojos, tu vida, pasó de mí, indiferente ¿Cuánto ha de envejecer un corazón para no enamorarse?
Quizá ni cien mil años sean suficientes... ¿Y sí tu sonrisa fuera el comenzar de la existencia?
No debí de aceptar tu primera mirada; debí rechazarla, olvidarla, quemarla y pisotearla. ¿Qué hago yo ahora con un corazón lleno de frío?
Tengo ganas de escribirte versos de amor, de cantarte desde la negrura, bajo tu ventana, tal Cyrano; tengo ganas de manos entrelazadas, de sufrir con tu cariño, de apurar este momento: sin besos, sin llantos: sólo con el deseo de que este sentimiento dure un poco más de tiempo.
Porque queriéndote, ya me siento inmensamente bendecido.
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Al día siguiente, tratando de hacer las pases, la convencí para fugarnos del instituto y pasar una mañana en la playa.
Tomamos el autobús, llegamos a la playa: el día era espléndido: el sol pegaba fuerte, los sentidos nos flotaban: la playa estaba casi vacía: la gente, estúpida, le daba la espalda debido al estudio o al trabajo: eso nos convertía en los reyes de la playa: aunque yo, al lado de Ángela me sentía un salvaje capaz de caminar sobre el mar: y dar volteretas: para colmo se quitó la parte de arriba del bikini: yo nunca había visto unas tetas tan de cerca.
Por eso, al ver las tetas de Ángela, estuve un rato sin poder hablar o mirar a su cara: una timidez y una excitación enorme me invadían (a mí la timidez, la excitación a mi bañador): me parecía mentira que una chica como ella estuviera a mi lado: imaginaba que, en cualquier momento, aparecería un chico guapo y fuerte, y ella se iría con él.
Ángela me llenó el pelo de arena. Yo la agarré con mis brazos: la subí hasta mis hombros: ella rió encantada: nos caímos: ella me pegó una patada: yo la abracé e hice que rodáramos por la arena, sin despegarnos: todos los ojos masculinos me miraban con envidia: por un momento sentí que lo que era de antes: todavia existia en mi.
Corrimos hasta el mar: nos bañamos: el mar estaba tan azul, tan tranquilo: parecía que nos refrescábamos en un cielo sin nubes. Sentí el océano: era nuestro cómplice, le gustaba que nos sumergiéramos dentro de él: nos rodeó con el mejor agua del mundo, la hizo llegar desde el fondo del océano expresamente para nosotros: Ángela me sonreía.
Salimos del mar en silencio: sabíamos qué iba a ocurrir dentro de poco: nos secamos con la toalla: ella comenzó a secar mi espalda, al terminó sacó un cepillo, me peinó(mi pelo se me pararon je): yo cerré los ojos: me encantaba que me peinara: me besó: abrí la boca: nos besamos: fue maravilloso: nos besamos con ganas: nos aseguramos de saber bien a que sabía el otro antes de separar nuestras bocas.
Nos miramos a los ojos: nos reímos


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