enero 25, 2008

la chica del dvds


tienda de ventas de dvds. Tengo un dvd que devolver. La tienda está ocupada.: una chica está eligiendo película: tendrá dicisiete o diciocho años: me coloco detrás de ella, en fila: ella se gira para ver quien aguarda detrás: nos miramos a los ojos, nos sonreímos:

-Hola –le digo.

-Hola –contesta.

Ella es guapa: Decide volver a girar hacia mí: hoy debe de ser mi día de suerte.

-¿Qué película tienes ahí? –me pregunta con una nueva sonrisa.

-“Infiltrada”, creo que se llama.

-¿Está bien?

-Normal y corriente: últimamente, todas las películas americanas parecen estar dirigidas por el mismo director.

La chica me mira: yo, por vergüenza, esquivo su mirar: un segundo, dos segundos, tres segundos (por favor que no regrese su atención a los dvds, que me haga otra pregunta: quiero seguir hablando con ella: no obstante, mi timidez impide que le haga cualquier comentario: incluso mirarle a los ojos)

Mi suerte se agota: la chica se vuelve a mirar los dvds : sigue eligiendo película. No hay mal que por bien no venga: le miro el culo: tiene un buen culo: y un buen cuerpo: viste unos pantalones apretaditos y una blusa: elige dos películas: debe de tener la tarde libre: me encantaría pasarla con ella: en su sofá: viendo las películas y conociéndonos: las saca del expendedor: se vuelve hacia mi: abre el porta dvd de una de ellas, me la enseña: me mira: espera un comentario.

NO DIGO NADA. VUELVO A ESQUIVAR SU MIRAR.

Cierra el porta dvd: se va.

La admiro mientras camina: alejándose de nuestro hipotético futuro: creo que está, en mi honor, meneando el culo un poquito más de la cuenta: golpeo mi cabeza contra la pared: tengo que hacerme un chichón: tengo que espabilarme: tengo que atreverme a vivir.

enero 17, 2008

ahora


Ahora que ya no me quieres y te he perdido para siempre, ahora que apagaste con tu saliva la mecha de lo que pudo haber sido, me siento como un niño sin madre, un niño al que despedazaste el pecho tratando de sacarle el corazón sólo por entretenimiento.

Me has dejado tirado sobre la hierba del bosque más triste del mundo, ahora que empecé a ver los encantos que me juraste tenías, estoy comenzando a quedarme ciego, a no querer ver nada más de la vida.

Ahora que ya no vamos a volver a estar juntos, demonios, te siento por todas las esquinas de mi cama pues algo allí dejaste escondido: un sortilegio, tus ojos de bruja; un embrujo: el veneno de tu piel gitana: las buenas caricias que me distes con tu boca secreta.

Te escucho, siempre tocas en la puerta de mi casa, pero jamás eres tú. Abro la puerta nada más levantarme, por si te has quedado dormida, esperando, en una esquina

¿Dónde estás? Tu verdadero hogar es mi cuerpo ¿No lo sientes?

Necesito un bestia que me estrangule,quizá así te olvide, a ti y a tu cuchillo de ya no somos más que amigos.

Que ironía. Tú eres mi amiga y yo el que más daño desea hacerte: te sacudiría a golpes hasta que me quisieras, hasta que todo mi esperma te llenara ¡Qué por fin llegue a tu corazón! ¡Por favor! ¡Que tú alma reconozca que soy yo el que puede convertirla en piedra!

Besos en la papelera del baño .

Ironía. Siempre me dijiste que yo jugaba, que mis sinceras palabras no eran más que escritos... me río pensando de donde podría sacarlas si no te hubiera conocido.

Ya te dejo: olvídame tranquila que yo te seguiré soñando.

Tú no existes, eres imposible. ¡Mentirosa!

enero 07, 2008

Me dice adiós





Adiós me dice con la boca pequeña. Se tarda menos de un segundo: se tarda poco en decir la palabra más cruel del mundo.
Me dice adiós la chica que amo. Adiós mirándome a los ojos, con la misma frialdad que quien dispara en la sien de un recién nacido. Adiós a la mujer a la que he querido dedicar mi vida entera:

-No quiero para nada tu vida –anuncia.

Creía que mi vida era gran cosa. Pero ahora me la devuelve dentro de una bolsa de basura. Mis ilusiones, mi sueño, mi trabajo, mi inteligencia no fue más que un engaño ¿Para qué sirvo en la vida?

-Dime adiós y clávame un cuchillo –le ruego.

Y la chica se va. Quedo solo, llorando sobre el suelo de la cocina, en una esquina. Me casé con ella en mi mente: imaginé que tendríamos hijos, imaginé que el primero que muriera de los dos, vería al otro justo antes de cerrar los ojos. Adiós se dice en un segundo. Pero a veces, la herida que provoca, dura toda una vida.