
tienda de ventas de dvds. Tengo un dvd que devolver. La tienda está ocupada.: una chica está eligiendo película: tendrá dicisiete o diciocho años: me coloco detrás de ella, en fila: ella se gira para ver quien aguarda detrás: nos miramos a los ojos, nos sonreímos:
-Hola –le digo.
-Hola –contesta.
Ella es guapa: Decide volver a girar hacia mí: hoy debe de ser mi día de suerte.
-¿Qué película tienes ahí? –me pregunta con una nueva sonrisa.
-“Infiltrada”, creo que se llama.
-¿Está bien?
-Normal y corriente: últimamente, todas las películas americanas parecen estar dirigidas por el mismo director.
La chica me mira: yo, por vergüenza, esquivo su mirar: un segundo, dos segundos, tres segundos (por favor que no regrese su atención a los dvds, que me haga otra pregunta: quiero seguir hablando con ella: no obstante, mi timidez impide que le haga cualquier comentario: incluso mirarle a los ojos)
Mi suerte se agota: la chica se vuelve a mirar los dvds : sigue eligiendo película. No hay mal que por bien no venga: le miro el culo: tiene un buen culo: y un buen cuerpo: viste unos pantalones apretaditos y una blusa: elige dos películas: debe de tener la tarde libre: me encantaría pasarla con ella: en su sofá: viendo las películas y conociéndonos: las saca del expendedor: se vuelve hacia mi: abre el porta dvd de una de ellas, me la enseña: me mira: espera un comentario.
NO DIGO NADA. VUELVO A ESQUIVAR SU MIRAR.
Cierra el porta dvd: se va.
La admiro mientras camina: alejándose de nuestro hipotético futuro: creo que está, en mi honor, meneando el culo un poquito más de la cuenta: golpeo mi cabeza contra la pared: tengo que hacerme un chichón: tengo que espabilarme: tengo que atreverme a vivir.




